El dinero facilita la comodidad, la flojera, la mediocridad y las ganas de vivir sin prioridades. Prioridades cuales la gente vigorosa también se regocija, inmersos en un mundo semi-lacayo, pendiente a la superación por medio de ajenos. Ese soy yo, aunque tú no lo creas, yo me ando acostando con cada espectro de riachuelo y llovizna para humedecer la vista y su perspectiva misma. Bum-bum-bang! Danzante en la ironía, Muere perra! -Jaja- eres mía, le decía a la vida, hasta que eché todo al aburrimiento y metí mis pulgares en los ojos, ya qué, no necesitaba tal visión, ni de la muerte ni del placer. Toda vaina es un ultraje de la realidad, eso sí, realidad viciada, viciosa, adictiva, la-la-la.
Sigo siendo otra perra ahogada en el dinero. Por ahí lo leí.
pútrida convención de arpías seducidas por la economía.